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Después de unas semanas en las que parecía que el verano no se quería marchar, comienzan a bajar las temperaturas. Este cambio no solo lo notamos nosotros, sino que también nuestros caballos y, por ello, comienzan a echar el pelo de invierno. Ahora, muchos jinetes y amazonas se plantean la misma pregunta: «¿Esquilo o no esquilo a mi caballo?».

En invierno no todos los caballos sacan la misma cantidad de pelo, esto depende de las temperaturas, la forma de vida de nuestro caballo, sus orígenes, entre otras cosas que pueden influir en la cantidad de pelo que eche.

Este pelaje, protege a los caballos de las bajas temperaturas del exterior, manteniéndolos calientes. Pero, cuando nuestro caballo hace ejercicio, tiende a sudar (también depende la intensidad de trabajo y el estado físico del animal) y el calor va de dentro a fuera. Con este clima, el sudor puede tardar en secar y quedarse frío, llegando a provocar que nuestro caballo enferme.

Antes de decidir si esquilar a nuestro caballo, hay que tener en cuenta cuánto suda y cuál es el ritmo de trabajo. Si trabaja poco, no recomendaría esquilarle, ya que le estamos quitando una barrera natural contra el frío sin motivo alguno.

En el caso de que nuestro caballo tenga un ritmo de trabajo constante y sude mucho, tal vez sí que debemos considerar esquilarlo. En este caso no existe un blanco o negro, existen distintos tipos de esquilados según lo que más convenga a la salud de nuestro caballo, pero si el clima es muy frío, es muy recomendable usar mantas para que nuestro caballo no pierda temperatura corporal.

También debemos tener en cuenta el clima en el que vive nuestro caballo, ya que las consideraciones que hay que tomar a la hora de esquilar un caballo en invierno no son las mismas cuando vivimos en una zona de clima frío que de uno medianamente templado.

¿Esquilar o no esquilar a mi caballo?

¿Vosotros esquiláis a vuestro caballo en invierno? ¿Cuáles son vuestras razones? No olvidéis compartir vuestras opiniones sobre este tema, siempre respetándose los unos a los otros.

Un abrazo,

Silvia